Hoy ha sido un día completísimo. De estos que te aguardan cosas desde que te levantas hasta que te acuestas, una verdadera lástima no saber que días van a ser bueno y cuáles malos. Yo como el que no quiere la cosa, me voy a esa increíble casa que dice ser mi facultad (mejor dicho chabola, ya que me parece que somos la única universidad de este, nuestro país, que aún no han publicado la lista de adjudicados para la orgasmus) y allí me encuentro, entre sudaderas de ideología anarco-punk, y estuches de Hello Kitty, la noticia de que mis compañeros no tienen nada claro si la semana que viene podrán irse de crucero de fin de curso ya que el supuesto barco que les tiene que recoger en Atenas, pues como que ha encallado en no se que islita del Egeo (¿todavía encallan barcos en el Egeo?). Esta noticia sin dejar de sorprenderme, no es que me afecte en demasía ya que yo prescindí de viajar con ellos.
Luego el profesor de ese spin-off de asignatura de esta, nuestra facultad de Geografía e Historia, llamada España Actual (es que como no daba tiempo de dar esta parte en Historia de España Contemporánea, pues le hacemos una cuatrimestral y a chuparla), se ha puesto a contar anécdotas de Manolete, y los republicanos, en plan profesor viejo y experimentado.
Pasado el bochorno del chascarrillo sobre el matavacas muerto, entró al aula, el profesor de otra de las maravillas de asignaturas con las que nos deleitan, Historia de América (sí, como suena, desde los precolombinos, hasta ayer, en 9 meses). Aparte de su cansino lenguaje marxista, defendiendo a Fidel Castro [ojo! este link es totalmente irónico con respecto a la frase] y acusando al personal de capitalista y de consumista, culpables de todas las desdichas de América, pasadas y futuras, ha dicho algo que sí merecía la pena ser escuchado:
Me encanta hablar con vosotros de estas cosas, ya que con mis amigos no puedo. Les aburro. Seguro que les pasará también a ustedes.
Un sabio, lo que yo le diga, si no que mire las estadísticas de este blog (:P) . Un cambio de aula después me encontraba en una asignatura de estas para rellenar créditos, en la que el profesor tratando de enseñarnos la importancia de la onomástica en la investigación histórica ha dicho otra gran verdad digna de recordar:
¿Sabéis como se le pone nombre a los niños chinos?
…
Se deja caer una lata vacía: ¡Chin! ¡Chun! ¡Chan!
Veis, es un chiste racista, y en eso estriba la gracia.
Si no es racista no es gracioso.
Luego la siguiente clase, otra asignatura que vale para lo mismo que la anterior, el profesor (que habla de sí mismo en tercera persona, como acostumbraba Cayo Julio) nos enseñó su flamante nuevo libro y lo puso como ejemplo de investigación histórica. Parece ser que no, no tiene abuela.
Menos mal que el profesor de la tarde me ha hecho aprender algo que no se me olvidará en la vida; la muerte del emperador romano Valeriano, el único que fue capturado, por el emperador persa sasánida Sapor I que lo utilizó un tiempo como poyete para subirse al caballo (el pobre Valeriano andaba ya por los 70 años) y cuando se cansó de él lo mató, lo despellejó y con la piel se hizo una alfombra a modo de trofeo de caza (Historia verídica).
En fin, ¿Qué hago mañana? ¿Voy a clase o me quedo durmiendo y aprendiendo por mi mismo?






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